Padre amado, la noche ha llegado y me acerco a Ti para entregar todo lo que viví. Gracias por haberme sostenido incluso en los momentos que parecían difíciles.
Perdona mis errores, mis palabras impacientes y aquello que pude hacer mejor. Limpia mi corazón de toda culpa y enséñame a comenzar de nuevo mañana.
Pongo en tus manos mis preocupaciones, mi familia y cada situación que todavía no tiene respuesta. Protege este hogar y permite que tu paz llene cada habitación.
Mientras duermo, renueva mi cuerpo y mi alma. Que despierte con esperanza, gratitud y nuevas fuerzas. Amén.
“En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.” Salmo 4:8